lunes 26 de abril de 2010

Morder el polvo

Se dice que la expresión "morder el polvo" tiene su origen en la Edad Media, cuando entre los caballeros que estaban heridos de muerte y que sentían ya cercano el momento final existía la costumbre de tomar un trozo de tierra y morderlo, lo que se interpretaba como una despedida de la madre tierra que se disponía a acogerles en su seno. La expresión luego ha cristalizado con el sentido que conocemos hoy de darse por vencido y vivir con esa humillación.

Es una frase hecha, pero retrata muy bien a quienes padecieron la represión del Estado franquista como una muerte en vida; con la obligación de renunciar a la profesión, a la opinión, al orgullo... con la condena al silencio más absoluto. No creo que sea difícil, aunque tampoco fácil, imaginar el horror que debieron sentir estas personas, la mordida del polvo desde el mismo consejo de guerra que les afectara, en la mayoría de los casos ya para el resto de sus días.

Ahora, con la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica empiezan a conocerse casos de familiares de estas víctimas de la persecución y la paranoia de todo un Estado que están recibiendo -previa solicitud- documentos oficiales, expedidos por el Ministerio de Justicia, con una declaración de reparación moral y reconocimiento personal. En estos documentos del Gobierno hay un emotivo párrafo donde puede leerse que "la Democracia española honra a quienes injustamente padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura".

Aunque el daño es infinitamente irreparable, reconforta conocer la íntima emoción de los familiares que reciben esta declaración oficial. A la cara tendrían que hablarles, si se atrevieran, quienes todavía hoy, ufanamente y con frivolidad pasmosa, dicen que esta ley sólo busca despertar los odios. Claro está que no han mordido el polvo.


[Publicado en el suplemento Saltés nº 75 (24/4/2010), diario onubense Odiel Información]