jueves 3 de junio de 2010

Pioneros (I)

En 1919, en una Caracas cerrada culturalmente a cal y canto por la dictadura de Juan Vicente Gómez, un poeta mexicano, José Juan Tablada (1871-1945), desconocido y excéntrico, inicia una de las aventuras poéticas más arriesgadas en español, la adaptación a los ritmos de la lengua de Cervantes del haikú japonés, estructura lírica reducida a la más mínima y depurada expresión. Heredero del modernismo y precursor de la vanguardia, el audaz Tablada se atreve a publicar en Caracas Un día... (poemas sintéticos). Pocos advirtieron entonces la lograda adaptación que, más allá de lo formal, conectaba también con la filosofía oriental en su exaltación del instante como vínculo con lo sagrado, entre otros aspectos. Décadas después, el Nobel mexicano Octavio Paz hubo de decir de Tablada que "gracias a su admirable espíritu de aventura, es uno de los padres de la poesía contemporánea en lengua castellana". He aquí algunos haikai de Un día...

Caballo del diablo:
clavo de vidrio
con alas de talco.

El cámbulo,
con las mil llamas de sus flores
es un gigante lampadario.

Devuelve a la desnuda rama,
nocturna mariposa,
las hojas secas de tus alas.

Bajo el celeste pavor
delira por la única estrella
el cántico del ruiseñor.