martes 20 de julio de 2010

Bandera nacional


Ayer, 19 de julio de 2010, estuve charlando del 18 de julio de 1936 y sus consecuencias en Sevilla con un ya amigo, Paco Marín, de 87 años. Ferviente republicano, guarda vivo el recuerdo de su padre y se le inflaman los ojos y se le seca la garganta cuando recuerda ciertas cosas. El 16 de septiembre de aquel fatídico verano de hace 74 años entraron en su casa 4 falangistas y 4 guardias civiles, y se llevaron a su padre, destacado militante del PCE en Sevilla, delante de los hijos. Paco era el mayor de ellos y tenía 13 años. Dos días después su padre era asesinado, junto con 19 personas más, ante las tapias del cementerio de Sevilla, en una siniestra ceremonia oficiada por los fascistas sublevados que se repetía cada día en aquellos meses. Andalucía, España, también sufrió su holocausto. Después de hablar con gente como Paco, que tuvieron que aprender a callar durante décadas, no vale seguir con las comparaciones del estilo hubo crímenes por ambos bandos. No, hubo una diferencia esencial. En la zona en poder del Gobierno republicano hubo reacción contra la agresión y la invasión; en la zona sublevada hubo reacción contra la legalidad. Paco hace una reflexión interesante. Comenta que cuando le hablan de la bandera nacional, en oposición a la bandera republicana, él siempre dice lo mismo: ¿Es que entre el 14 de abril de 1931 y el 18 de julio de 1936 la bandera de tres colores no era la bandera nacional?